La crisis de Venezuela cuadruplica el número de sus paisanos que trabajan en España

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“Una de las lecciones más duras fue tachar del currículum todos mis méritos, nadie quiere contratar a una persona sobre cualificada”, cuenta José, diseñador industrial y profesor universitario

Reportaje sobre la comunidad venezolana y sus oportunidades laborales en Barcelona. / RICARD CUGAT / FERRAN NADEU / MAITE CRUZ (EL PERIÓDICO)

Venezuela ha dejado (de momento) de copar portadas y abrir telediarios, no porque la crisis política y económica que atraviesa el país haya desaparecido, al contrario, sino porque esta se ha enquistado. Durante ese mientras tanto el país sigue viviendo una constante hemorragia de migrantes que buscan más allá de las fronteras venezolanas un porvenir. Y España es uno de sus principales destinos.

“No quiero ser una carga para este Estado, yo vine a trabajar para poder dar un sustento a mi familia”, explica José, de 48 años y natural de Mérida (Venezuela). Como José viven actualmente en Barcelona un total de 10.185 venezolanos, según datos del mes de enero del Ayuntamiento de Barcelona. La cifra se ha disparado en los últimos años, especialmente desde el 2015. Entonces vivían en la capital catalana un total de 4.344 venezolanos.

Este diseñador industrial, fotógrafo y antiguo profesor universitario carece de momento y tras algo más de dos años de residencia en la capital catalana de permiso de trabajo. Subsiste a base a trabajos ‘en negro’, de lo que le va saliendo, ahora principalmente de fotógrafo o de diseñador gráfico. Aunque durante los primeros seis meses trabajó de guía turístico, cobrando de las propinas que dejaban los visitantes de los ‘tours’.

“Mi mujer es arquitecta y llegamos muy ingenuos a Barcelona, por desconocimiento, ya que pensamos que podríamos conseguir rápidamente trabajo dada nuestra formación y experiencia”, explica. Hasta que se toparon con la ley de extranjería, que precisa de un mínimo de tres años para acreditar el arraigo y poder así comenzar a tramitar los permisos de trabajo. Además de las complicaciones para convalidar los títulos.

Plataformas digitales
Una de las salidas que le ofreció a José un paisano suyo que ya residía y trabajaba con permiso en España fue abrirle una cuenta de repartidor en Glovo. Según varias fuentes consultadas, esta es una de las opciones, al igual que ofertar servicios vía páginas como Wallapop o Milanuncios.com, por las que optan mucho recién llegados, sobre todo los más jóvenes. Los motivos son la falta de credenciales profesionales requerida, la posibilidad de ingresos rápidos y la práctica extendida de compartir cuentas entre varias personas, lo que permite el acceso a los que no disponen de permiso de trabajo. “Se comparten cuentas”, reconoce su paisano Tomás, sin querer dar más detalles, mientras espera con la mochila amarilla de la empresa de reparto en la parte de atrás de su bicicleta frente al McDonalds que hay en el centro comercial de Glòries.

“Somos conscientes que muchos recién llegados trabajan en Glovo, aunque no es algo que recomendemos por la falta de estabilidad”, explica el presidente de Asocaven, Antonio Rengifo. Esta asociación de apoyo a los inmigrantes venezolanos se encarga de “aterrizar” a sus paisanos mediante asesorías o talleres formativos al ecosistema económico barcelonés y así ayudarles a conseguir un empleo. O bien a comenzar su propio proyecto, pues, según explica Rengifo, la fórmula del auto empleo es una de las salidas que trabajan sobre todo de cara a las personas que llegan con experiencia, pero de difícil empleabilidad (mayores de 45 años o con dificultades para convalidar títulos).

Seguridad y reciclaje
En plena polémica sobre si Barcelona vive o no una crisis de seguridad, una de las cosas que más valora José es que su mujer o él pueden sacar a su bebé a pasear tranquilamente por la calle. “La situación en Venezuela era insostenible”, recuerda. Una reflexión parecida a la que hacen Carolina o Rocío. Estados dos venezolanas, que desde hace dos años viven en Barcelona, tienen a su favor un permiso de trabajo, al poder acreditar vínculos familiares en España. Ambas trabajan vendiendo seguros en Catalana Occidente, enfocadas precisamente al creciente colectivo de venezolanos en España.

Carolina ya gestionaba una correduría de seguros en Venezuela con su familia y Rocío tuvo que reciclarse, ya que acumula tres décadas como docente en su país natal. La necesidad de reinventarse no es nuevo para ellas, ni para muchos venezolanos, pues todos los entrevistados para este reportaje reconocen que el pluriempleo es una tendencia habitual y necesaria en Venezuela en los últimos años. Lo que les sorprende es que aquí no esté tan extendido. Carolina y Rocío forman son una de las 58.771 afiliadas a la Seguridad Social de origen venezolano, según datos de julio del 2019 facilitados por el Ministerio de Trabajo. En el mismo mes del 2014 la cifra era de 14.954.

Ana María, que llegó a Barcelona en febrero de este año, espera poder sumarse pronto a esa cifra. Tiene como José, Carolina y Rocío estudios superiores, concretamente de comunicación corporativa. “El perfil ha ido cambiando, antes solo venían personas con pasaportes comunitarios o estudiantes universitarios. Ahora ha crecido la gente en situación irregular, ya que los venezolanos con menos posibles continúan saliendo hacia otros países de Latinoamérica”, cuenta el presidente de Asocaven. “Venezuela se está quedando muy rezagada, todo su talento se marchó”, se lamenta Ana María.

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